A propósito de la abdicación

La abdicación del Rey ha provocado un cuestionamiento significativo de la institución monárquica, con manifestaciones en la calle y confesiones de fe republicana -al menos, teóricas-, por parte de los partidos y movimientos de izquierda. Es bueno que esto haya sucedido y que siga sucediendo. Trasluce un grado de madurez democrática ciudadana.

Sin embargo, a mi juicio, las protestas también reflejan un flanco débil: el propio hecho de que hayan aflorado ante un hecho consumado. Es evidente que la abdicación supone una oportunidad que se debe aprovechar para cuestionar el modelo de Jefatura de Estado, pero echo en falta la existencia de un debate previo de calado, con una mayor conciencia ciudadana crítica con respecto a la jefatura actual y al propio modelo de Estado. Probablemente, la principal labor que los movimientos sociales progresistas debemos impulsar es fomentar una mayor ciudadanía crítica, en términos democráticos.

Con todo, creo que la abdicación del Rey ha abierto una oportunidad para reclamar una reforma constitucional profunda, en el sentido de establecer más democracia y participación ciudadana y desarrollar un modelo de Estado federal, que asegure la solidaridad y la cohesión social. Una reforma que abra nuevas vías de participación ciudadana en los grandes temas. Sin miedo a la democracia directa, en la que opine y decida una ciudadanía que ha interiorizado un discurso, razonado y maduro, que nos lleve a un modelo de Estado federal, participativo y por qué no, republicano.

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