¿Desaparecen los sindicatos? (I)

Esta inquietante pregunta es el título de un interesante artículo de opinión publicado hace unas semanas en el suplemento “Il Venerdi” de “La Repubblica”, en Italia, firmado por el periodista y escritor Enrico Deaglio.

El artículo contiene un extenso y documentado repaso de la situación de acoso y descrédito que sufre el sindicalismo en Italia -incluso por parte del principal partido de la izquierda-, que trata de presentarlo como un fantasma del pasado, que ha sobrevivido a los años setenta del siglo XX. Leyendo el artículo se comprueba claramente que la batería de argumentos en contra los sindicatos ya es universal, se ha globalizado y es similar en todas partes.

En Italia, recuerda Deaglio, los sindicatos se han convertido en culpables de todo: de la precariedad, de la falta de innovación, de la rigidez del mercado de trabajo, de la burocratización de las administraciones públicas, de la ausencia de meritocracia, de la fuga de cerebros, de la crisis…

Aquí también nos suena la música de estas cantinelas pero, con todo, debemos reconocer que los sindicatos italianos conforman un universo bastante peculiar. Tanto, que hay registrados más de un millar en el país, muchísimos integrados por una o dos personas, con el fin de obtener algunos de los beneficios que establecen las leyes. “Prácticamente todos los italianos (notarios, taxistas, entrenadores, guías de los Alpes, victimas de organizaciones delictivas…) forman parte de un sindicato a la busca de una mesa de negociación para hacer valer sus intereses”, recuerda Deaglio, quien continúa así su artículo: “Pero, además, ya que estamos en un País extravagante, existe otra Italia sin sindicatos, pero también muy activa. Es la Italia de la mafia, de la camorra y la ´Ndrangheta, del trabajo negro, de la usura, de los inmigrantes que sostienen la agricultura y la construcción, de los esclavos que recogen tomates. En resumen, lo que se normalmente se denomina la economía sumergida, valorada en el 20% del PIB”.

Sin embargo, cuando se habla del “sindicato” como compendio de los males, sus detractores se refieren exclusivamente a las tres grandes confederaciones existentes en Italia -CGIL, CISL y UIL-, que suman conjuntamente una cifras impresionantes, con doce millones de afiliados. De los 22 millones de trabajadores ocupados hoy en Italia, uno de cada cuatro está afiliado a una de las tres grandes Confederaciones. En la industria, por ejemplo, los tres sindicatos representan en afiliación al 60% del total de los trabajadores que trabajan en empresas de más de 15 empleados. Las cifras nos invitan a hacer una pausa antes de continuar con este tema en un próximo post.

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