La memoria olvidada

Las organizaciones de izquierda progresista en España tienen -tenemos- un grave problema de memoria histórica: olvidamos nuestro pasado. O mejor dicho: no hemos sabido recuperarlo y contarlo correctamente para aprovechar el ejemplo de quienes nos han precedido.

El problema de esta desmemoria en Euskadi cobra una dimensión mucho mayor. Aquí, la memoria nacionalista ha construido un santoral que ha eclipsado el resto (¡no hay más que ojear cualquier callejero vasco!). Ya sé que no es justo y que tampoco refleja la realidad histórica, pero hay que reconocer que ellos han sabido construir muy hábilmente su mitología.

Por cierto: ¿saben ustedes quién fue Paulino Gómez Beltrán? ¿Ni siquiera guardan memoria del personaje las bilbaínas y bilbaínos que me lean?

Paulino fue una personalidad excepcional. Y fue muchas cosas. Por ejemplo, el concejal más votado del Ayuntamiento de Bilbao (pudo ser alcalde en 1931, aunque los pactos electorales republicano-socialistas le convirtieron en Teniente de Alcalde); también fue consejero del primer Gobierno Vasco en el exilio, comisario de abastecimiento y destacado dirigente ugetista y socialista durante toda su vida.

Afortunadamente, la Fundación Juan de los Toyos acaba de presentar una muy interesante biografía política de Paulino Gómez Beltrán (“Un panadero socialista en el Gobierno Vasco”. Editorial Hiria), escrita por el historiador Fermí Rubiralta i Casas; una edición coeditada por la Fundación Juan de los Toyos, Fundación Indalecio Prieto y Fundación Francisco Largo Caballero.

La presentación tuvo lugar hace unos días, el jueves de la semana pasada, en Bilbao, en un acto verdaderamente emotivo, en el que además del autor de la obra, participó la nuera de Paulino Gómez Beltrán (llegada ex profeso desde Toulouse, donde reside) y Nicolás Redondo Urbieta, que conoció en vida a Paulino y compartió con nosotros unos recuerdos y unas interesantes reflexiones, como es habitual en él.

Próximamente volveré a hablar de Paulino, un hombre de acción y de principios, porque bien lo merece su biografía apasionante. Hoy quiero terminar recordando una frase de Juan de los Toyos, que yo he recuperado para incluirla en la presentación escrita de este libro, que he tenido el gusto de firmar: “Aquel que pierde el orgullo por su pasado, pierde el sentido de su presente”.