¿No sabes qué es un sindicalista? (III)

Con este post cierro las reflexiones iniciadas al hilo del artículo publicado en “La Repubblica” por el escritor y periodista italiano Enrico Deaglio con el título ¿Desaparecen los sindicatos?.

¿Es el sindicato algo del pasado?, pregunta provocadoramente Deaglio. Sin embargo, no hay una única respuesta válida para todos los países. La respuesta es difícil, porque el marco no es uniforme, recuerda el autor. En Estados Unidos, por ejemplo, parece haberse convertido en un fenómeno residual, con sólo el 7% de los trabajadores afiliados, cuando el porcentaje era del 35% tras la Segunda Guerra Mundial. En la cadena estadounidense de grandes almacenes Walmart -más de un millón de trabajadores y el 80% de los productos en venta, Made in China- no hay representación sindical. En Walmart todo es superlativo: las pagas son bajísimas, la rotación es elevadísima y los despidos, facilísimos.

Las cosas tampoco pintan bien en China, donde el sindicalismo está fuertemente reprimido. El símbolo lo representa la gigantesca fábrica Foxconn, recuerda Deaglio, “con más de un millón de obreros que ensamblan teléfonos en espacios cerrados con redes en las ventanas para impedir los suicidios”.

Pero, afortunadamente, no es así en todo el mundo, escribe Deaglio: “En Brasil, Lula e Dilma Rousseff han llegado a la Presidencia desde el sindicato y el país ha vivido su mejor desarrollo económico con una gran redistribución de la riqueza. La Polonia moderna nació con la victoria de un sindicato, “Solidarnösc”. Alemania es un mito por el poder de su IG Metal, en cuyo rascacielos en Fráncfort se decide de qué color serán los nuevos BMW, de cuántas semanas de vacaciones termales en Ischia pueden disfrutar sus trabajadores y naturalmente se dictan líneas políticas, incluso a la Merkel”.

Para Deaglio, el sindicalismo italiano se encuentra ahora en una disyuntiva crucial, que yo creo que se puede hacer extensiva a la mayor parte de los países industrializados; desde luego y sin lugar a dudas, al nuestro. Coincido con el autor en que nuestro sindicalismo tiene raíces fuertes y un gran futuro sobre sus espaldas, pero “debe renacer desde abajo, con sindicalistas que se consideren sujetos que quieren proteger a otros, no dirigentes de grupos que buscan protección; renacer desde los más débiles”.

Una muy interesante reflexión contenida en el largo artículo que he comentado en sucesivos posts y que me permito concluir del mismo modo en que finaliza el texto de Deaglio: En California, circulan coches que llevan un adhesivo en el cristal posterior, con el siguiente texto: “¿No sabes qué es un sindicalista? Es aquel que ha hecho que puedas disfrutar de un fin de semana”.

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