¿Por qué le llaman amor, cuando quieren decir sexo?

Me molesta el uso torticero de las palabras y hago esfuerzos por evitar los eufemismos y la invocación de ese tipo de palabras mágicas, que suenan muy bien, pero que no significan nada. No quiero decir que yo no las emplee en ocasiones; también caigo en ello, como otras muchas personas.

La utilización de las palabras mágicas es un recurso fácil para evitar una situación incómoda o para disimular una carencia. Aunque también hay quien lo hace con el ánimo de engañar. Pero no es honesto. En ninguno de los casos.

“¿Por qué le llaman amor, cuando quieren decir sexo?”, se titulaba una película española que vi hace bastantes años, una comedia en la que trabajaba Verónica Forqué, y me pregunto: ¿por qué le llaman reforma cuando quieren decir recortes sociales? ¿Por qué le llaman renovación cuando esa palabra no tiene contenido?…

Renovación, por ejemplo, es una de esas palabras totémicas, de moda, de empleo cotidiano, vaciadas de significado por las incontables veces en que se han usado sin contenido.

Renovación es una palabra enmascarada, hueca, cuando no se sustenta en un compromiso real. Y este compromiso que la llena de contenido, sólo se puede conseguir tras un laborioso proceso de reflexión y debate. Por ejemplo, con el trabajo diario de un equipo compacto, que comparte inquietudes y preocupaciones, para fortalecer un sindicato, con propuestas de innovación consistentes, largamente debatidas y elaboradas. Primero, hay que darle contenido a la propuesta; ya llegará el tiempo de llamarla renovación, sin hacerle trampas al diccionario.

Seguiré con esto en mis próximos posts.