Rotundo suspenso a la UPV

Me indigna la hipocresía de las autoridades de nuestra universidad pública. El descarado intento de lavarse las manos ante una tragedia que, más temprano que tarde, tenía que suceder en la UPV/EHU. Como recordarán, hace poco más de 15 días, el pasado 20 de mayo, murió un trabajador al ceder la claraboya del tejado que intentaba reparar en la biblioteca del campus de Leioa.

De inmediato, todos lamentaron el “desgraciado accidente” y, sin embargo, no fue un accidente, sino la consecuencia anunciada de una situación de absoluta precariedad laboral. Con el agravante de ser una situación consentida por las autoridades universitarias de una institución pública, cuya misión no es otra que formar a mujeres y a hombres íntegros, socialmente responsables.

La víctima no tenía ningún tipo de contrato de trabajo. Tampoco era un trabajador autónomo. Era el eslabón más desprotegido de una cadena siniestra: la tercera subcontrata de la obra de impermeabilización de la cubierta, a quien no se le habían facilitado las adecuadas medidas de seguridad para trabajar a muchos metros de altura.

Tras la muerte de este trabajador, las compañeras y compañeros de la Federación de Enseñanza de UGT de Euskadi, FETE-UGT, sacaron de inmediato un comunicado informativo en el que explicaban y dejaban al descubierto, con un sencillo esquema, el mecanismo de las contratas y subcontratas consentidas por los responsables de la UPV; unos responsables que, por su parte, contratan a otra empresa para que se encargue de la seguridad y, así, poder eludir responsabilidades y lavarse la cara indecentemente. Un tinglado inmoral. Lean el documento. No tiene desperdicio.