Trabajo Decente: ¿Un oxímoron?

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Un oxímoron consiste en unir dos términos contradictorios entre sí. Es un recurso literario que utilizan los poetas -la “oscuridad luminosa”, el “fuego helado”…-, y que todos empleamos coloquialmente cuando nos expresarnos con muletillas del tipo “fue un instante eterno”, “hubo un silencio atronador”, “parecía un muerto viviente”…

Groucho Marx dijo que la “inteligencia militar” es un oxímoron, una contradicción en términos: O bien es inteligencia o bien es militar. ¿Sucederá lo mismo con “trabajo decente”?

“Trabajo decente” también lleva camino de convertirse en un oxímoron. Recordémoslo hoy, 7 de octubre, que precisamente se celebra la “Jornada de Acción Mundial por el Trabajo Decente”, organizada por la Confederación Sindical Internacional, CSI, en todo el mundo.

El trabajo decente es prácticamente inexistente en la nave actual del mercado laboral que dibujábamos hace unos días en una entrada anterior: precariedad y temporalidad a babor y a estribor, e inframileurismo en el timón. Para encontrar restos de estabilidad y de calidad en el empleo o de garantías en los derechos de los trabajadores en nuestro entorno debemos retroceder dos décadas.

La OIT utilizó por primera vez el concepto “trabajo decente” como reivindicación mundial en 1997, en respuesta al deterioro de los derechos de los trabajadores registrada en todo el planeta en la década de los noventa del siglo pasado, como consecuencia del proceso de globalización. En las dos décadas largas transcurridas desde entonces, la decencia ha sido sustituida por precarización, flexibilidad, desprotección laboral, pérdida de los derechos adquiridos… Hoy estamos ante una jornada de acción del sindicalismo en todo el mundo a favor del trabajo decente para una vida decente. Una jornada de acción para poner freno a tanto despropósito y para devolver al trabajo una decencia que tanto nos costó conseguir cuando fue posible y que tan fácilmente nos está siendo arrebatada.